14/10/11

Crisis y planes de prevención. Compatibles y necesarios.

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“Crisis y planes de prevención. Compatibles y necesarios.”

Article de Jordi Bernabeu Farrús
Font: lasdrogas.info
Protocolo para citar este artículo: Bernabeu Farrús, Jordi. Octubre de 2011. Crisis y planes de prevención. Compatibles y necesarios. www.lasdrogas.info http://www.lasdrogas.info/index.php?op=InfoOpinion&idOpinion=331
Accedeix a l’article original clicant aquí.

Es época de crisis. Se conoce que en situaciones de dificultades surgen efectos colaterales. Recortan en sanidad y asuntos sociales. Peligran muchos proyectos bajo el pretexto de que son poco eficientes y económicamente inviables, por lo que prescindibles. Y los proyectos relacionadas con la prevención y el consumo de drogas no están exentos de esta realidad.

Es necesario defender la idoneidad del trabajo en prevención. Y deben prevalecer proyectos enmarcados en una estrategia global de intervención. Los planes comunitarios de prevención en el consumo de drogas (a partir de ahora, PCPD) son y deben continuar siendo las herramientas que condicionen dicha intervención. Sean del campo que sean (del sector social, sanitario, etc.); toquen el territorio que toquen (municipal, provincial, etc.); trabajen con la población que trabajen (adolescencia y juventud, exclusión social, etc). Y más ahora cuando abundan ejercicios de escaparate -cara a la galería- por delante de otros quizás más discretos pero efectivos.

¿Qué y para qué un Plan Comunitario en el consumo de drogas?

El Plan Local Comunitario de Drogas es la herramienta que define el marco global de la intervención en el consumo de drogas para el período de tiempo que éste determine, en un territorio concreto. Finalizando con un proceso de revisión, evaluación y consecuente actualización para su continuación. Además, debe ser el documento marco de intervención que proponga una estructura organizativa y de funcionamiento que permita implicar a diferentes áreas del territorio, ordenar toda la labor que ha realizado y está realizando, al mismo tiempo que ofrecer nuevas propuestas para la intervención.

Los tres grandes pilares del trabajo que deben promoverse desde un PLCD:

  • Potenciar el desarrollo de los mecanismos de prevención, información, asistencia, tratamiento e inserción necesarios para un abordaje integral del consumo de drogas.
  • Definir un contenido teórico y técnico que defina la filosofía básica y global de la intervención.
  • Promover una metodología de trabajo que favorezca el trabajo conjunto, la coordinación de recursos y la participación comunitaria.

Sus grandes retos serán:

  • Coordinar y estructurar los diferentes ámbitos que influyen y pueden tener relación con el consumo de drogas.
  • Consensuar y proporcionar las líneas de trabajo.
  • Continuar con el trabajo que ya se está realizando en el territorio, y que funciona.
  • Favorecer dinámicas generadoras de participación, implicación e innovación.
  • Trabajar con objetivos a partir de unos criterios

La propuesta de un plan de acción para el abordaje del consumo de drogas -y otras conductas asociadas- debe constituirse como un elemento de referencia del trabajo en la materia en el territorio, que sistematice un plan de trabajo que ayude a desarrollar los siguientes objetivos:

  • Protocolarizar y promover el trabajo conjunto relacionado con drogas de del ámbito profesional y comunitario del territorio.
  • Conocer la realidad del consumo de drogas en el marco sobre el que se va a trabajar.
  • Sensibilizar sobre el tema de las drogas, y de su prevención.
  • Dar respuesta a situaciones relacionadas con el consumo.
  • Proponer intervenciones y actividades preventivas.
  • Proponer recursos y servicios útiles de orientación y asesoramiento para quien lo desee y / o necesite.

El trabajo preventivo debe tener como pilares de su desarrollo: una fuerte carga social, educativa, comunitaria y de promoción de la salud. Por este motivo, el PCPD debe responder a los siguientes criterios:

  • Que promueva el respeto y sensibilización hacia el tema y los problemas asociados.
  • Que aborde las drogas desde su globalidad teniendo en cuenta las características locales.
  • Que resulte de utilidad.
  • Que favorezca la participación y trabajo conjunto.
  • Que utilice elementos innovadores, ligados, sobre todo, con las Tecnologías de Información y Comunicación.
  • Que sea (in)formativo para el territorio.

No sólo es intervencir para los ciudadanos

En el desarrollo de planes comunitarios a menudo nos olvidamos de observar y trabajar “más allá” de los usuarios -y profesionales referentes- con los que compartimos tiempo y acciones. Debemos ser conscientes que muchos cambios pasan por la asunción de responsabilidad entre los diferentes agentes comunitarios (políticos, técnicos y ciudadanos), así como en la revisión de las estructuras internas de funcionamiento.

En este sentido, habrá que garantizar la información oportuna al conjunto de órganos políticos y servicios técnicos sobre la puesta en marcha de la iniciativa, así como la definición de la organización y estructura que favorezca el trabajo conjunto.

A la vez, se les debe pedir: (1) liderazgo, confianza y consenso político; (2) equipo técnicamente capaz de desarrollar el plan; y (3) dotación presupuestaria (propia y supraterritorial).

Disponer de un posicionamiento teórico y filosofía clara de intervención

Un plan comunitario no es neutro. Persigue el cambio y la transformación social. Sus acciones tienen consecuencias. Por lo que es necesario dejar claro cuáles van a ser los principios que dotarán de contenido teórico y subjetivo a la intervención. Dejamos algunos para la reflexión y el debate.

  • La prevención cómo proceso continuo y no basado en actividades aisladas. Entendemos que el trabajo preventivo se debe trabajar continuamente y desde diferentes ámbitos y enfoques. Evitando las intervenciones que aparecen y desaparecen.
  • La reducción de riesgos y daños como punto de partida de la intervención. O dicho de otro modo: los proyectos de prevención no pueden tener como primer y único objetivo la abstinencia.
  • Probablemente los resultados de la intervención sean difíciles de evaluar a corto plazo. La prevención del consumo de drogas tiene dos grandes handicaps: poca evidencia científica y difícil evaluación. Existen buenas prácticas que dejan entrever que un buen trabajo evitará muchos problemas en un futuro. Y todas ellas suelen estar enmarcadas en planes comunitarios de prevención (por lo que no son actividades aisladas).
  • Aunque la prevención pueda o quiera intuir las consecuencias a medio o largo plazo, trabajaremos desde situaciones cotidianas vinculadas al presente. Dejarse llevar por la sensación de urgencia no suele presentar resultados favorables.
  • Debemos adaptar las intervenciones a las realidades y necesidades propias de aquellos a quienes nos dirigimos. Hablando un lenguaje cercano. Será necesario establecer líneas de actuación diferentes en función qué consumo o qué postura se tiene hacia las drogas. Partiendo de la realidad propia de aquellos a quienes nos dirigimos y no de la nuestra.
  • No se trata de una intervención rígida. El “día a día” y la propia dinámica de trabajo puede provocarnos cambios de rumbo y planteamientos diferentes o los inicalmente establecidos. Por lo que los PCPD deben tener capacidad de (1) sensatez -apelarán al sentido común- y (2) flexibilidad -siendo capaces de modificarse según la realidad; con capacidad de adaptación-.
  • Aunque exista la figura de referentes en la intervención en drogas, la propuesta es mantener un equipo de trabajo. Hay que tener presente:
    - La integración institucional.
    - La coordinación de recursos.
    - La elaboración de un mapa de necesidades común y compartido.
  • Nos permitirá trabajar diferentes ejes de intervención desde un mismo colectivo:
    - Individual: ofreciendo servicios de atención personalizada.
    - Grupal: incidiendo en todo el colectivo.
    - Comunitario: sensibilizando y fomentando cohesión y participación.
  • Especial énfasis en la población joven y adolescente del municipio, entendiendo que:
    -Los primeros consumos se instauran en estos ciclos de edad.
    -Es la etapa de la construcción crítica de la propia identidad.
    -Se asimilan y se conocen muchas pautas y normas de funcionamiento sociales: hacia uno mismo y el entorno.
    -Nos permitirá incluir a buena parte de la comunidad, formalizando su vertiente socializadora y educativa: familias, centros educativos y otros agentes comunitarios.
  • Las intervenciones se centrarán sobre todo en las sustancias más cercanas o instauradas. Empezaremos por trabajar lo más cercano para después poder traspasar a sustancias y realidades futuras o lejanas, o lo que es lo mismo: para poder trabajar sustancias lejanas necesario haber priorizado las próximas (por ejemplo, en el trabajo con adolescentes, jóvenes hablamos básicamente de alcohol y porros).
  • El tema drogas permitirá trabajar aspectos que van mucho más allá de los efectos de las sustancias y las adicciones. Entendemos la prevención en el consumo de drogas como un medio -y no como un fin- para trabajar otros aspectos: la responsabilización, el respeto, la aceptación de límites, la prudencia… Sobre todo se trabajarán actitudes que luego pueden ser útiles para otras cosas de la vida: potenciarán una postura crítica hacia lo que coloca y descoloca (consumismo, publicidad …); fomentarán una actitud de prudencia.
  • Alejarse de posicionamientos paternalistas y posturas neutras. El tema drogas es suficientemente serio para ser tratado de manera adulta y desde la responsabilización.
    La experiencia con drogas -y sobre todo con consumidores- nos ha enseñado que los típicos discursos antidrogas no llegan a los jóvenes ni les son útiles.
    Nuestro posicionamiento no está reñido con respetar la libertad de cada uno para hacer y decidir.
  • Especial énfasis en la revisión y evaluación. Tenemos que revisar el trabajo hecho. Por lo que revisar, y si se puede -en la medida de las posibilidades- evaluar todas las intervenciones. Estableciéndose los indicadores e instrumentos de evaluación.
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