23/11/10

De copas: ¿en tu casa o en la mía?

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  • Los españoles moderan sus salidas: aperitivos en vez de comidas; reuniones domésticas en vez de discotecas 
  • Lo ‘gourmet’ entra en el hogar  

Font: El País. 17 de novembre de 2010.
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El efecto tupper desbanca al menú del día. Aumentan las reuniones sociales en las casas, la fiesta a la europea; y cada vez está más de moda quedar a tomar una caña o un aperitivo en lugar de ir a comer a un restaurante. Lo que al principio de la crisis se percibía como algo temporal o incluso anecdótico ha dado paso a un cambio en las costumbres de los consumidores españoles. La recesión se nota en el ocio y en la cesta de la compra. Cada vez se gasta menos y lo que se gasta se piensa mucho más. Los españoles, amantes de la vida en la calle y de frecuentar bares, restaurantes y discotecas, no dejan de hacerlo radicalmente, pero ajustan su gasto. Ahora se toman una copa en lugar de varias y el jamón bueno se lo comen en casa.

Las familias están angustiadas por la crisis y trasladan ese sentimiento al gasto. El consumo ha caído por primera vez en un año. En 2009, el gasto medio de los hogares descendió un 4,8% y, lo que es más preocupante, las familias ahorraron en todos los capítulos de gasto salvo el de la vivienda, acuciados por el pago del alquiler o la hipoteca. Gastos difícilmente reducibles.

Las cifras no engañan. El patrón de consumo está cambiando. Solo un 39% de los españoles sale tanto como antes de la crisis. Pero se buscan pequeñas soluciones: un 20% ha aumentado su consumo de productos gourmet en casa y el 9% utiliza más la tarjeta de crédito para mantener su estilo de vida, según el estudio Las cuatro caras de la crisis de la agencia CP Proximity presentado ayer y elaborado con más de mil entrevistas en profundidad a consumidores españoles.

Este no es el único informe que apunta estas tendencias, que se observan desde hace unos tres años, pero que se agudizan mes a mes y que parece que han arraigado. Otra investigación reciente de la consultora PricewaterhouseCoopers (PwC) muestra que los españoles, un poco obligados por la situación, han descubierto las ventajas del ocio casero. Un 60% se ha apretado en cinturón y opta por reducir su gasto en diversión en la calle. Además, si salen a comer o a cenar escogen un restaurante más barato.

“Las pizzerías, hamburgueserías, en definitiva, la restauración organizada ha visto incrementada su cifra de negocio. Las visitas a otros restaurantes, más caros y selectos ha caído”, analiza Víctor J. Martín, profesor de Política Económica de la Universidad Complutense de Madrid, y uno de los investigadores del macroestudio de Mercasa (la empresa pública de los mercados mayoristas), recién publicado.

Según esa investigación, la crisis ha reducido el consumo en restaurantes pero ha aumentado el de los aperitivos en bares. Aunque las cañas y las tapas cuestan un 5,5% más que el año pasado su consumo ha aumentado más de un 5%. Y otro cambio, las veladas se alargan: la última copa se toma en el mismo restaurante en vez de ir a tomar varias a otro lugar.

El estudio de Mercasa revela que los españoles solo gastan en comer y beber fuera de casa un euro frente a los tres que dedican a hacerlo en casa. Y este cambio no es solo porque las reuniones caseras se están poniendo de moda. “Ha aumentado el efecto tupper. Muchas personas que trabajan fuera de casa y antes salían a tomar el menú diario ahora se llevan la fiambrera. Los restaurantes de menú han visto cómo su cifra de negocio está disminuyendo”, apunta Martín. “Los ciudadanos moderan su gasto no solo porque se ven afectados por la crisis. También por precaución, y eso se nota. Las salidas son prácticamente las mismas, no todo el mundo se sacrifica y se queda en casa, pero casi todos están reajustando el gasto”, añade el profesor de Política Económica.

La necesidad de apretarse el cinturón no solo ha transformado el ocio. También ha alterado la cesta de la compra. “Son cada vez más los consumidores que miran el precio de los productos que antes compraban por costumbre. Ahora se es consciente de las diferencias de precios”, analiza Ruben Sánchez, de Facua Consumidores en Acción. Y eso se nota, por ejemplo, en el auge de las marcas blancas. El 77% de los hogares afirma que el peso de la marca de distribución en su compra habitual es “considerable” o “muy mayoritario”. Otro 44% ha notado que el peso de las marcas blancas ha aumentado mucho en su despensa desde el comienzo de la crisis, según el estudio Eroski, elaborado con datos de más de 5.000 familias.

El cambio ha sido progresivo. Los hogares lo pasaron mal el año pasado. El gasto medio en consumo de cada hogar español experimentó un descenso del 4,8% hasta los 30.411 euros, según la Encuesta de Presupuestos Familiares que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadística (INE). Pero más significativo aún que este descenso es que los hogares consumen menos que hace tres años (en 2006 el gasto medio era de 30.562 euros). Y no sólo las familias. La factura habitual por persona también cayó un 3,7% en 2009 hasta los 11.365 euros.

La encuesta del INE, la más fiable sobre esta materia, arroja otro dato revelador: los gastos relacionados con la vivienda tienen cada vez más peso en el presupuesto familiar. Y es que las familias, ahogadas por la crisis y en muchos casos por el paro, prefieren apretarse el cinturón y reducir todos sus dispendios, incluso los esenciales, con tal de no dejar de pagar la letra. Actualmente, la vivienda representa el 29,4% del presupuesto familiar. La hipoteca o el alquiler es la primera obsesión de las familias y, frente a lo que se piensa, estas siguen cumpliendo con los plazos. La tasa de morosidad hipotecaria de las familias es tan solo del 2,5% frente al 5,5% del conjunto de préstamos o el 11% que tienen las promotoras, según los datos que hizo públicos ayer el Banco de España.

El hecho de que la inversión en vivienda fue la que más se incrementó el año pasado, con un crecimiento del 4,8%, es otro de los datos que confirman la tendencia de que la gente se ha vuelto más hogareña, puesto que en este epígrafe se incluyen los gastos corrientes como luz, agua y calefacción.

Salvo las bebidas alcohólicas y el tabaco (por la subida de impuestos) y levemente en las comunicaciones (por la expansión de Internet) en el resto, los hogares redujeron su consumo. La mayor disminución se produjo en transportes (-14,9%), seguido de prendas de vestir y calzado (-8,3%), mobiliario (-6%), hoteles, cafés y restaurantes (-4,8%) y ocio y espectáculos (-4,4%). Incluso en los gastos esenciales como alimentación (-4%), salud (-3,2%) y enseñanza se ha reducido el gasto.

No hay duda. El que la crisis afecta, y mucho, a los patrones de consumo se ve claramente en la fotografía que traza el informe de CP Proximity -vinculado al grupo publicitario BBDO-, que identifica cuatro perfiles de consumidor ante la crisis. Todos marcan su comportamiento por la situación actual. Los llamados “conformistas” (un 28% de los encuestados), aquellos que no se ha visto especialmente tocados por la recesión, por lo que no renuncian a pequeños placeres o a las vacaciones, se han vuelto más precavidos en su consumo. Los que el informe ha bautizado como “snobs” (un 22%) también ahorran pero ven la situación actual como algo coyuntural y se preocupan por mantener las apariencias. Los “pasotas” (28%) son aquellos que no quieren renunciar a su estilo de vida más social y que, aunque creen que la situación es mala, opinan que ellos sí saldrán adelante. Se dedican a aplazar los gastos grandes en lugar de ahorrar día a día. Y por último las “víctimas” (el 21%), aquellos que están teniendo problemas graves y que ahorran en cualquier área.

La situación lleva a muchos no solo a no incurrir en gastos nuevos. También a revisar aquellos que se pensaban imprescindibles. Rubén Sánchez, de Facua, cuenta que se está incrementando el número de consumidores que se dan de baja de ciertos servicios o que buscan otros proveedores a un precio más competitivo. Esto, dice, ha provocado que aumenten las reclamaciones por baja. Y otra tendencia: las reclamaciones de pequeña cuantía, esos cinco o diez euros cobrados de más que antes se dejaban pasar por no pasar el trámite de reclamar, ahora no se perdonan. “Los consumidores se han vuelto más críticos, menos pasivos”, dice Sánchez.

¿Arraigarán las nuevas costumbres? Los expertos apuntan a que aún es pronto para decirlo. El consumo está mal, pero puede ir a peor. Las últimas cifras macroeconómicas apuntan a este empeoramiento. En el tercer trimestre el consumo bajó con respecto al trimestre anterior por primera vez en un año. Además, el descenso del 0,9% respecto al trimestre anterior es el mayor de los últimos dos años, cuando el paro comenzó a dispararse con fuerza y las familias reducían gastos al mínimo. “La caída de rentas, bien directas o indirectas, la disminución del gasto público, la pérdida de empleo, y la sensación de que la economía aún no va a mejorar va a afectar negativamente al consumo al menos hasta el segundo semestre del año que viene. Debe percibirse claramente que la economía mejore para que haya repunte”, asegura Juan Torres, profesor de Análisis Económico de la Universidad de Sevilla.

Puede que las medidas de ajuste del Gobierno hayan servido para calmar a los mercados pero han deprimido el bolsillo de las familias. Ángel Laborda, director de coyuntura de Funcas, reconoce que no se esperaba un golpe tan fuerte después del tímido despertar de la primera mitad del año: “Las familias se anticiparon a la subida del IVA y a la retirada de algunos estímulos, como la ayuda de la compra de coches. Y cuando han desaparecido estos incentivos el frenazo ha sido más fuerte de lo que esperábamos”.

Mientras tanto los consumidores españoles hacen lo que pueden. Ahora, con las navidades tocará soltarse un poco el cinturón. Pero también se buscan trucos para que las cosas salgan más baratas. Ana Díaz, portavoz de Ebay España, sostiene que un 23% de los españoles comprará sus regalos online este año. Un sistema que permite a los usuarios comparar precios y adquirir artículos más baratos. Y algo más: “Notamos que los consumidores acuden a una tienda a ver el producto que les interesa y lo buscan por Internet para ver donde lo está más barato”, dice Díaz. ¿Para qué se va a pagar más pudiendo ahorrar un poco? La crisis aguza la vista de los consumidores.

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