14/11/11

De mayor, no quiero ser empresario

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Article de Jaume Funes.
Font: jaumefunes.wordpress.com
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“Cal fomentar l’esperit empresarial a totes les futures generacions”

Una de las palabras de moda estos días es “emprendedor”. A grandes y pequeños partidos les ha dado por repetir que van a cuidar a las gentes emprendedoras y que les preocupa mucho que las futuras generaciones lo sean. A menudo, lo dicen en medio de lamentaciones, más o menos convencidas, sobre nuestras cifras de paro y, al fondo, se intuye un aviso: encontrar trabajo es construirse personalmente la ocupación y no ejercer colectivamente el derecho a tenerla.

Una versión algo más heavy sobre el concepto la acabamos de vivir en Catalunya. Nuestro gobierno ha aprobado un plan para que en las escuelas se fomente, se enseñe con una asignatura, el espíritu empresarial y la “emprendiduría”. Catalunya –ha dicho nuestra Consejera de Enseñanza- “ha de ser una escuela de emprendedores”. “Hay que fomentar –ha insistido- el espíritu empresarial en todas las futuras generaciones”.
¡Es demasiado brutal la capacidad que tienen los que nos mandan, o aspiran a mandarnos, de corromper todos los conceptos, o de usarlos asociándolos sólo a sus valores!

¿Es que no estoy de acuerdo en estimular la educación en la capacidad de emprender? Creo que nadie contestaría negativamente. Pero, conviene que no nos secuestren la palabra. Primero, necesitamos aclarar si se trata de emprender contra alguien, con alguien o a favor de alguien. Si les proponemos desde bien pequeños que sean emprendedores convendrá educarlos para que no se trate de llegar a ser ellos y ellas por encima de los otros. Cuando lleguen a empresarios pensaran que el negocio dinámico y moderno que ponen en marcha se consolida explotando a otros. Si les educamos para que emprendan con otros les estaremos educando para que se construyan en compañía. Emprenderán aventuras vitales compartidas, en las que el éxito será el producto de la cooperación. Si, además de construirse dinámicamente con otros, el proyecto vital tiene que ver con hacer algo que sea útil a otros, conseguiremos que sean personas dinámicas y ciudadanos implicados en la sociedad en la que viven.

Para que no nos secuestren la palabra, además, tenemos que rechazar el reduccionismo que supone asociarla al mundo del trabajo y –más reducidamente todavía- al de la empresa. ¿Acaso no es emprendedor el que piensa y crea activamente, aunque ni viva ni quiera vivir de ello? ¿Tampoco lo es quien tan solo espera un sueldo digno para poder dedicar su vida a ser feliz en compañía de otros? ¿No es emprendedor el que cada día ha de buscarse la vida para que su familia subsista?

Como han hecho suya la palabra vamos a tener que abandonarla. Algunos estamos por educar en la autonomía, por tratar de conseguir que los chicos y chicas adquieran capacidad de pensar y decidir, por dotarlos de los recursos que les permitan llegar a firmar su propia vida. Por hacer que valoren sus ideas, sus sentimientos, sus relaciones y no sólo sus habilidades. Estamos por educar para tener sujetos creativos, socialmente incómodos que construyen su camino. Al menos yo, no estoy por vender ahora que el ideal vital es llegar a ser empresario, aunque sólo sea de ti mismo.

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