28/6/13

El bulo del ‘tampodka’

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Deixem aquesta notícia de El Periódico que tracta el tema del Tampodka. Agraït a en Víctor Vargas que ens hagi entrevistat. A veure si entre tots apel·lem a una mica més de sensatesa en aquest tema de les drogues.

El bulo del ‘tampodka’
Font: Víctor Vargas. El Periódico.

  • Profesionales sanitarios niegan que los jóvenes estén usando tampones empapados de alcohol en la vagina y el ano para colocarse
  • La práctica tendría graves efectos para la salud

Poco importa si se mueve, si se nota o si traspasa. Ni hay demasiado interés en averiguar a qué demonios huelen las nubes. No hay creativo publicitario que se atreva a meterle mano a este uso imprevisto de los tampones. Una supuesta práctica que va más allá de sus fines higiénicos para convertirse en un elemento del imaginario etílico, entre la incredulidad y la fantasía de los jóvenes y ante la alarma de los más mayores.

El tampodka o tampax on the rocks es la comidilla de los botellones y de los foros de internet. Consiste presuntamente en impregnar el tampón de alguna bebida alcohólica, generalmente vodka, antes de colocarlo en la vagina o el ano. Una nueva forma de consumir alcohol más rápida, más efectiva, según dicen. Unisex y más arriesgada, eso seguro. Muchos son los que dicen conocer a alguien que lo ha hecho. Pero tanto el personal sanitario como los psicólogos y sociólogos niegan que el fenómeno sea algo más que una nueva leyenda urbana.

De todos los hospitales catalanes consultados, solo el de Bellvitge ha registrado un único caso de intoxicación etílica en el que apareciera este controvertido método. Fue el de un turista extranjero que veraneaba en Salou, según Beatriz Rosón, responsable del programa de alcoholismo del centro. Es muy probable que buena parte del alcohol que acabó en su sangre fuera ingerido. Y es que pretender embriagarse por este método es misión casi imposible, como explica el responsable de la Unidad de Toxicología del Hospital Clínic, Antoni Gual: «La cantidad de alcohol que puede absorber un tampón es ínfima al lado de lo que contiene un vaso de vino, cerveza o licor».

Al no pasar por el estómago, evitaría esa primera etapa de metabolización, por lo que el efecto sería más rápido. Pero el volumen es la clave: «Para conseguir los efectos de una borrachera sería imposible con un tampón, sería necesario un caudal que solo aportarían métodos como el enema. Demasiado rocambolesco para que sea una práctica extendida», explica Rosón. No obstante, para los más temerarios, la doctora alerta de que ese flujo de alcohol tendría «consecuencias graves» en la salud, como infecciones y hemorragias en las mucosas de la vagina y el recto.

Evitar el mal aliento

También tendría efectos muy nocivos el eyeballing, consistente en aplicar directamente el chorro de alcohol sobre el ojo. De esta y de otras prácticas alertaba el jefe de la Unidad de Toxicología del Hospital de Valencia, Benjamín Climent, en un texto publicado en la revista Anales de pediatría para avisar a la comunidad médica. Climent advertía de que esta arriesgada forma de tomar alcohol causaría «graves lesiones corneales» con eventual evolución a ceguera.

El doctor afirmaba que estas prácticas estaban llegando a España «importadas de EEUU y Gran Bretaña», como una vuelta de tuerca del fenómeno binge drinking (atracón de alcohol) y para evitar que los padres descubrieran la ingestión al evitar el mal aliento… Jordi Bernabeu, psicólogo especializado en atención y prevención de drogas, apunta que este bulo está lejos de ser novedoso, y recuerda que ya rueda por internet desde finales del siglo pasado. «Todas las drogas son un mundo oscuro, un buen caldo de cultivo para bulos de este tipo, sobre todo cuando la juventud está por medio», afirma Bernabeu. Y recuerda que hace años se llegó a creer incluso que el líquido de pilas «sube».

“Una cerilla encendida en el cuerpo”

Eduardo Hidalgo, psicólogo y escritor de un libro de leyendas urbanas sobre drogas, corrobora que del tampodka ya se hablaba en la red en 1999 y que hay incluso pruebas de que no es más que una perversa aberración mental. Una de ellas la aportó Danielle Crittenden, periodista del ‘Huffington Post’ que lo ensayó en sus carnes «en interés de la ciencia y de los padres del mundo». Entre particulares notas de cata, describió la sensación como si alguien le tirase «una cerilla encendida» dentro del cuerpo y dijo que lo mejor de la experiencia es la garantía de que “no habrá segunda ocasión”.

Hidalgo recuerda otros bulos sobre alcohol que podrían volver a alarmar a la opinión pública aun sin el menor fundamento para darles pábulo. «Hay mitos inofensivos, como decir que sube más al beber con cañita, y tonterías, como que al tomar anfetaminas no se da positivo de alcoholemia. O auténticas barbaridades, como el chilly willy, tomar tequila con los cinco sentidos: beber el chupito, esnifar la sal y exprimir gotas del limón en el ojo».

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