23/12/13

El trabajo educativo con chavales multados por consumo de cannabis 

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El passat mes d’octubre la Revista Cánamo editava un número especial sobre cànnabis i educació. En aquest diferents autors -i amics- conduïts sàviament per l’Òscar Parés vam reflexionar sobre el que envoltava el consum de cànnabis bàsicament pel que fa a adolescents i joves. Vam escriure sobre l’experiència desenvolupada en el programa de mesures educatives que desenvolupem a Granollers. Deixem l’article.

El trabajo educativo con chavales multados por consumo de cannabis 

O qué y para qué trabajar cuando adultos y jóvenes tenemos, lógicamente, planteamientos diferentes

  • Font: Revista Cánamo. Octubre de 2013.
  • Autor: Jordi Bernabeu Farrús.

El peso de la ley

Uno de los riesgos asociados al consumo de drogas es la posibilidad de ser multado de acuerdo con la Ley 1/92 sobre Protección de la Seguridad Ciudadana, también conocida com Ley Corcuera, que sanciona el consumo de drogas en lugares públicos (calle, plazas, bares, etc.) así como su tenencia para consumo propio con multas de a partir de 300,52 euros. Sin embargo, la ley también prevé la posibilidad de suspender la sanción económica si la persona accede a hacer un tratamiento de deshabituación del consumo.

Con esta realidad, y el hecho de que los consumidores adolescentes raramente presenten criterios propios de una dependencia, han surgido proyectos que plantean una respuesta preventiva a la sanción por tenencia o consumo de drogas -generalmente cannabis- sugiriendo los mismos de participar en un programa educativo como alternativa al pago de la multa. Se dirigen a menores de edad -mayores de 14 y menores de 18-, y sus famílias. Y la finalidad principal es ofrecer una intervención de atención, seguimiento y prevención, que se basa en una respuesta educativa alternativa a la sanción administrativa, a cambio de la retirada de la sanción económica.

Es un tema no exento de polémica. Los profesionales que trabajamos con personas con problemas por el consumo tenemos cuestiones más prioritarias que atender porqué simplemente han sido multadas. Seguramente necesitaríamos una reflexión previa sobre el sentido de esta ley, y su aplicabilidad. Como también incidir en qué aspectos deben ser sancionables y cuáles no. No olvidemos que, en cualquier debate actual sobre una posible regulación del consumo y tenencia, siempre dejamos fuera la posibilidad de que chicos y chicas consuman bajo la excusa de son ‘menores de edad’, cuestión que no estaría de más debatir, aportando respuestas de mayor produndidad. Esperarse a ser mayor para consumir siempre será una buena opción cuando se den razones que vayan más allá de una simple la regulación legal.

Pero lo que está claro es que en el contexto profesional, y por lo que se refiere a adolescentes, estos proyectos, si se desarrolan bajo unos criterios comunes, presentan más ventajas que inconvenientes. Al menos, porqué se intenta que el hecho no quede sólo en una medida punitiva, ya que la sanción económica, de facto y mayoritariamente, repercute sobre los padres o tutores.

No debemos pensar en la perspectiva ‘tanto haces, tanto pagas’. Ni pretendemos reparar el daño socialmente cometido (dudo que exista alguno, objetivamente hablando). Sino trabajar desde una perspectiva de seguimiento psicológico, educativo y social. Nos pueden servir para detectar chavales con posibles problemas de consumo, trabajar con grupos que quizás necesiten una información más acurada que quiénes no consumen, y establecernos como personas de referencia y utilidad para estos jóvenes consumidores. Contemplando también el ¿qué pasa con aquellas personas que, una vez sancionadas, se detecta que tienen un consumo de ‘bajo riesgo’, o ‘sin problemas’? Pues que, a priori y lógicamente, la intervención también será de una menor intensidad y exigencia.

Mensajes y discursos en la relación educativa

Frente un adolescente que fume porros debemos ofrecer respuestas educativas, que tengan por finalidad responsabilizarlo hacia el tema de las drogas u otras cuestiones de su vida a la vez que acompañarlo en su proceso de desarrollo y maduración. La intervención adulta pasa, principalmente, por estar allí -para lo que pueda pasar-, promoviendo responsabilidad y autonomía. Paralelamente, es obligación nuestra ofrecer los servicios y estrategias propias de reducción de riesgos y prevención para favorecer que se realicen consumos con pocos problemas, y con cierta seguridad. Al mismo tiempo: favorecer la reflexión en qué están ocupando el tiempo y sus perspectivas personales a corto-medio plazo. Y si todo esto se hace teniendo en cuenta la cuestión comunitaria (ayudar a implicarse en su barrio-pueblo-ciudad,  etc.) mucho mejor

Es necesaria una reflexión alrededor de como presentar la abstinencia, y lo más sensato pasa por venderla en positivo: ‘una de las herramientas más seguras para evitarse problemas’. Y no, en cambio, la ‘única, y punto’, pues negaremos una realidad presente y que seguirá estando. Los mensajes generalistas tipo ‘No fuméis’ a chavales consumidores no sólo son ineficaces -y poco prácticos- sinó que pueden llegar a ser contraproducentes. Por lo que lo razonable es proponer discursos centrados en la responsabilidad. Y esta no sólo pasa por ser abstinente, sino para hacer un buen uso de la prudencia, la previsión, la consecuencia y el sentido común: mejor poco que mucho, en momentos de tiempo libre y no en las ocupaciones,  sin condicionar caracteres y recorridos y fruto de una decisión razonada.

Su consumo tiene poco que ver con el de muchos adultos. Prioricemos sus obligaciones formales -principalmente, académicas- y que gestionen su tiempo libre de manera sin que este afecte el día a día. Madurar empanado, haciendo un uso de los porros como si de un actividad extraescolar se tratara, al igual que quien se excede con otras cosas,  no es probablemente, la mejor manera de tirar palante.

Transmitiremos que el tema de las drogas genera beneficios a quienes participa de la venta y problemas a un sector de la gente que las consume. Y fomentaremos la solidaridad con personas que han tenido problemas, huyendo de discursos individualistas del estilo ‘es tu vida’.

Además, podemos aprovechar para educar y potenciar el sentido crítico como buena manera de hacer frente al consumo -de todo, no sólo de cannabis-, una de las piedras angulares en sus vidas.

Avisémosles de su ilegalidad. Y apelemos a la discreción como buena manera de funcionar. Y  las confusiones presentes en los medios de comunicación, balcones, armarios de interior, y las contradicciones vividas en la calle o asociaciones, a menudo de escaso valor constructivo, no nos ayudan mucho: mal gestionadas conllevan más posibilidad de llamar la atención que de disuadir a los potenciales consumidores, con mensajes poco coherentes.

En resumen: del ‘piensa en ti, y tú decides’, al ‘sé tú mismo, teniendo en cuenta lo que te rodea ‘; del’tengo prisa’ al ‘espérate’; del ‘ya sé que me paso’ a ‘plantéate algunos cambios y ten otras motivaciones’; del ‘lo llevo bien’ al ‘llévalo mejor’; del ‘estoy estancado’ al ‘cambia de contexto ‘; del ‘el problema son los porros ‘a el problema va contigo ‘, o del ‘voy por libre ‘ a ‘ten pautas de uso’.

De los problemas podemos construir oportunidades. Y tratándose de chavales en plena construcción de su presente y futuro, utilicemos las propias incoherencias del sistema para elaborar propuestas que tengan, al menos, respuestas lógicas. Educar, en cualquier contexto problematizador, coincidamos o no en sus causas, tiene una dimensión ética que nunca debemos olvidar.

  • Aquí trobareu el projecte tècnic que duem a terme a Granollers:

 

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