19/9/12

Éxtasis o MDMA I

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Artículo de Laura Ibañez.
Font: Independientes Digital.
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Se le reconoce por esa permanente sonrisa. Única. Por su forma de vestir. Por su cabello. Por la jerga que emplea. Por la música que escucha. Vibrante, Electrizante. Ruidosa. Electrónica. Está de acuerdo con sus amigos de que es la verdadera, la única que existirá en el futuro. “Ése es uno de los nuestros”, dirán los demás cuando le vean pasar. Tiene la sensación de pertenecer a algo más grande que él mismo, que le supera y que le eleva. Se siente un elegido. Como si formara parte de un club muy exclusivo. Está a punto de llegar a casa. Ha sido una larga noche de fiesta. Ya despuntan los primeros rayos de sol.  Se siente como un vampiro, viviendo por la noche, durmiendo por el día. Es todavía joven. Muy joven… y el mundo le pertenece. Aunque sólo sea por una noche.

Pero esa sonrisa permanente no es más que uno de los efectos que produce la MDMA o éxtasis (debido a su ingesta se produce una contracción de la mandíbula), la droga de diseño prototípica, muy popular sobre todo en la década de 1990. Ahora parece cosa del pasado. Ya han quedado atrás aquellas noticias que hablaban continuamente de legiones de jóvenes que dividían su tiempo  entre el ocio y el trabajo, entre el día y la noche, que esperaban impacientemente que arribara el fin de semana para ir de discoteca en discoteca bailando sin parar. Primero en Ibiza. Después en Valencia. En la costa levantina sería muy conocida la Ruta del Bakalao o ruta Destroy, generada en torno a una serie de salas de música o discotecas como Barraca, Spook Factory, Espiral o NOD. Esta dicotomía entre la noche y el día, entre el ocio y el trabajo forma parte de un fenómeno social más general, donde el papel de la juventud es de suma relevancia. El ocio juvenil está muy ligado a la noche, siendo un espacio que los jóvenes consideran propio (aunque, realmente, los negocios que giran en torno a este tipo de actividades suelen estar dirigidos por los adultos. No obstante, siempre pretenden proporcionar una imagen de juventud). “Los jóvenes se socializan en un ambiente de iguales y se ponen a prueba a través de actividades de riesgo como las drogas, el sexo o la velocidad. Eso les permite un  cierto aprendizaje”explica Oriol Romaní, doctor en Historia y catedrático de Antropología Social en el Departamento de Antropología, Filosofía y Trabajo Social de la Universidad Rovira i Virgili. Así, Romaní considera que los espacios de ocio juvenil son lugares en los que se realizan actividades que pueden comportar un riesgo, pero que son favorecedoras de aprendizaje. No obstante, otras actividades que también comportan riesgos son indispensables para que los jóvenes emprendan su camino hacia la madurez. Además, el ocio nocturno también se ha configurado como un nicho de trabajo para éstos.

Pero alrededor del ocio nocturno juvenil también se han creado numerosos estereotipos que provienen en su mayoría del  mundo adulto. “Sería más correcto decir que todos los jóvenes, en algún momento, quieren probar el hecho de ir de fiesta, pero que todos estén todos los fines de semana haciendo esto es radicalmente falso”, añade Romaní. Y, precisamente, producto de estos estereotipos y de las noticias alarmistas que, en la década de 1990, comenzaron a surgir en torno a este tipo de fiestas juveniles, paulatinamente, fueron desapareciendo.

Pero, ¿qué hizo tan popular al éxtasis en este tipo de fiestas nocturnas? La doctora Pilar Alejandra Saiz, profesora del área de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo,  comenta que fueron varios los motivos para ello. En primer lugar, el éxtasis es una sustancia empatógena y entáctogena, es decir, que permite a la persona que se la toma trabar relaciones interpersonales y una comunicación más intensas y estar más en contacto con su propio interior. Por tanto, se siente muy a gusto con todo aquello que le rodea y facilita el contacto con los demás. Además, es una sustancia psicoestimulante, por lo que permite estar más tiempo bailando y sin descansar. De esta manera, pronto se asoció la MDMA con la fiesta nocturna. Además, no produce efectos alucinógenos tan potentes como los del LSD, por lo que es percibida por los usuarios como algo más suave. Asimismo, es una droga práctica porque se puede usar los fines de semana sin que interfiera demasiado en el resto de la semana. Al presentarse en pastillas (en la actualidad, es más común que se presente en cristal, aunque en las década de 1990 eran más habituales los comprimidos), es una droga relativamente fácil de combinar con otras sustancias, ya que aquéllas son fáciles de dosificar. Pero todas estas razones están ligadas a un fenómeno social más amplio. La sociedad occidental en la actualidad se caracteriza por su consumismo y su hedonismo. Así, las personas cada vez quieren encontrar más variedad de productos de todo tipo en el mercado. Esta búsqueda de nuevos productos se comenzó a potenciar, sobre todo, en la década de 1990. Así, el éxtasis y otras drogas similares a éstas responden a la misma demanda por parte de los consumidores, pero en el mercado de las drogas. Igualmente, estas sustancias no son caras, son fáciles  de sintetizar y de encontrar en los lugares donde se vive la fiesta. Todo estos factores junto con “la propaganda que sin querer se hizo desde los medios de comunicación, muchas veces para querer alertar del problema, pero a  la vez que se alertaba se podía hacer más hincapié en que había una sustancia que era muy apetecida por muchas personas, hizo que más personas al menos quisieran probarla”, señala Saiz.

Pautas de consumo de MDMA

En la actualidad, todavía se sigue consumiendo MDMA, pero se ha reducido su prevalencia. Según la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) 2009/2010, realizada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas dependiente del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, en los últimos 12 meses, sólo hay una prevalencia del 1,4% en hombres y de 0,3% en mujeres de entre 15 y 64 años de consumo de éxtasis. Asimismo, el pico más alto de consumo de MDMA en España fue en 2001 con una prevalencia de 1,8%, pero, en 2009/2010, era de o,8%. De esta manera, desde 2001, el consumo de esta droga ha ido descendiendo.

Según la Encuesta Estatal sobre el Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES), 1994-2008, realizada por el mismo organismo, la prevalencia del consumo de éxtasis también ha disminuido en esta población. Así, en 2000 y 2002, alcanzó la prevalencia más elevada con un 6,2% y un 6,4% respectivamente. En los años posteriores ha ido disminuyendo hasta alcanzar el estado actual con una prevalencia de 2,7%.

Pero, además de haber disminuido el consumo de esta sustancia, también han variado las pautas de consumo. Como explica José Carlos Bouso, psicólogo y terapeuta que ha realizado estudios clínicos con MDMA en personas que padecen Trastornos de Estrés Postraumático, desde hace más o menos cinco años, la MDMA se presenta en forma de cristal en vez de en comprimidos. “Antes de que apareciera el cristal los consumos solían consistir en ingerir medio comprimido o un cuarto e ir acumulando dosis a lo largo de la noche. Hoy día lo que se hacen son dar pequeñas ‘chupaditas’ a la bolsa que contiene MDMA”, indica Bouso. Así, se toma menos dosis de una vez, pero más dosis a lo largo de la noche.

Lo más destacable para Bouso en cuanto a los patrones de consumo, es la presencia de un mayor policunsumo, aunque especifica que este hecho también depende de los ambientes donde se efectúa la toma de drogas. Ahora también se pueden encontrar otras drogas como la mefedrona o la ketaminaen el mercado. Además, el psicólogo considera que esta droga está extendida más que nunca entre todos los estratos sociales, aunque se consuma menos que antes. La MDMA siempre se ha relacionado con jóvenes normalizados y no ha estado tan ligada a ambientes marginales como, por ejemplo, la heroína.

Bouso también comenta que los contextos en los que se consume esta sustancia siguen siendo los mismos. “Quizás el lugar más común siguen siendo eventos de música electrónica que en función del estilo musical se adereza con unas sustancias u otras. A medida que las fiestas ponen música más trancera se mezcla con alguna sustancia de perfil psiquedélico, o si es más techno con speed, pero esto no es una norma”, indica Bouso. Asimismo, esta sustancia también se puede consumir con fines de autoexploración, para disfrutar del campo o de la playa o en pareja. En este caso, se cuidan más los contextos y las dosis que se ingieren y no se suele mezclar la MDMA con otras drogas, “excepto entre iniciados en drogas de perfil psiquedélico tipo hongos o LSD, pero esta mezcla ya es más minoritaria”, especifica el psicólogo.

Ritual

Las fiestas en las que se consumía habitualmente la MDMA, con música electrónica de distintos tipos (techno, house, etc.), que se autoproclamaba como la música del futuro, en un ambiente industrial y con luces palpitantes de colores, con un dj en su cabina a modo de gurú en esta suerte de celebraciones paganas, ha hecho que muchos autores  vieran en ellas una suerte de ritual. Como explica Romaní“toda fiesta es un ritual en cuanto que de alguna manera se desarrollan una serie de acciones más o menos estereotipadas”. Así, estas fiestas, al igual que otro tipo de rituales como podrían ser, por ejemplo, una misa o un concierto de rock, son indispensables para que las personas se unan a aquellos que creen más afines a ellos mismos y para diferenciarse del resto, de aquellos que no participan en este ritual. Es una forma de confirmar su propia identidad. Por eso, los seguidores de este tipo de fiestas también tendrían su propia forma de vestirse y de peinarse.

Pero, además, el ambiente en el que se consume una determinada droga también influye en la persona que la ha tomado. Fernando Caudevilla, médico de familia, experto universitario en Drogodependencias y miembro el Instituto Madrileño del Menor y de la Familia, explica que la MDMA, a diferencia de otras drogas psicodélicas como, por ejemplo, el LSD, los hongos, la ayahuasca e incluso el cannabis, permite mantener cierto control sobre los sentimientos, los pensamientos y las acciones (aunque siempre hay excepciones). “Es una droga que ‘lleva menos lejos’ que otras pero a cambio ofrece un mayor margen de seguridad a nivel psicológico. Esta es una de las claves para que su difusión haya sido tan grande”, especifica.

La música electrónica también se ha relacionado frecuentemente con el éxtasis. “El estado de consciencia modificado que produce la MDMA conecta muy bien con determinados estilos de música electrónica basada en ritmos repetitivos. Bajo los efectos de la MDMA la música deja de ‘escucharse con los oídos’ para ‘sentirse con todo el cuerpo’ y crear una experiencia sensorial total en conjunción con las luces y el resto de la gente que está bailando. La música electrónica no ‘cuenta’ experiencias (como el pop, o un cantautor) sino que ‘es’ en sí misma experiencia (como la música clásica) y la MDMA permite amplificar todos los matices de esta”, apunta Caudevilla.

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