5/11/12

Incoherencias en la prevención del alcohol en adolescentes

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  • Mientras se estudia endurecer las leyes se baraja permitir la publicidad de cerveza y vino

Article Joan Carles March i María Ángeles Prieto
Font: El País. 29 d’octubre de 2012.
Accedeix a la font original clicant aquí.

El consumo de alcohol en menores y adolescentes constituye un problema muy serio de Salud Pública, ya que tiene efectos negativos para su salud (embriaguez, comas etílicos, e indirectamente accidentes de tráfico y otros, embarazos no deseados…) y para la de sus familias y el resto de la sociedad.

SI miramos el consumo de alcohol en adolescentes, encontramos que el consumo está muy extendido ya que el 65% de los menores bebe alcohol en España; que los jóvenes españoles empiezan a consumir alcohol entre los 13 y los 14 años; que uno de cada diez jóvenes de entre 12 y 18 años consume alcohol cada semana; que el 75% de los estudiantes entre 14 y 18 años habían consumido bebidas alcohólicas en el último año, concentrándose mucho en el fin de semana; que el 47,6% lo ha mezclado con tabaco, el 39,9% con cannabis, el 3,9% con cocaína y el 2,5% con éxtasis; que el 17,7% de los chicos dice haberse emborrachado durante el último año; que el 30,9% de jóvenes entre 15 a 34 años ha sufrido episodios de embriaguez o que el 45,3% cuando va de “botellón” se emborracha con mucha o alguna frecuencia. Además, más del 10% de la mortalidad femenina y en torno al 25% de la mortalidad masculina entre los jóvenes de 15 a 29 años están relacionados con el consumo peligroso de alcohol. Y además la práctica de beber esta ligada a una de las principales actividades de ocio de muchos adolescentes: “salir” los fines de semana. “Si sales, bebes; si sales cada fin de semana, bebes cada fin de semana; si cada vez sale gente más chica, cada vez se empieza a beber antes”.

Si hablamos de proyectos para prevenir el alcohol, leemos la noticia de que el Gobierno está elaborando la primera ley que limite el acceso de los adolescentes al alcohol. Nuestro país ultima un plan específico de actuación para reducir el consumo de alcohol entre los escolares, formando parte del grupo de países europeos que incluyen el alcohol en su Estrategia Nacional sobre Drogas.

Si analizamos otras medidas que pueden afectar al consumo de alcohol por parte de los adolescentes, nos encontramos la noticia de que la cerveza y el vino podrán publicitarse libremente en cualquier emplazamiento. La “Ley de la Licencia Exprés” pretende permitir la publicidad de bebidas alcohólicas de menos de 20 grados (cervezas y vinos, fundamentalmente) en lugares donde su venta o consumo esté prohibida, ya que incluye una modificación en la Ley General de Publicidad de 1988 para exceptuar a las bebidas de menos de 20 grados de la prohibición general de publicitar bebidas con alcohol en lugares donde esté prohibida su venta o consumo, bajo la justificación por parte del PP de que “la inmensa mayoría de países de la UE no tienen limitado el uso de estos canales de comunicación, como eventos deportivos internacionales retransmitidos en España por televisión (para la publicidad de bebidas alcohólicas de menos de 20 grados), por lo que esta limitación reduce la competitividad de las marcas españolas” y “reduce la posibilidad de que se celebren en España eventos deportivos de carácter internacional que cuentan con un fuerte apoyo económico y financiero de marcas de bebidas con graduación alcohólica inferior a 20 grados”.

Alcohol y adolescentes son dos temas ciertamente complejos, pero mezclados se convierten en una de las mayores preocupaciones de padres y madres, sanitarios, educadores, trabajadores sociales, terapeutas,…. Y también de los medios de comunicación, al ser un fenómeno social complejo, en el que intervienen un gran número de variables.

El problema viene cuando aparecen las incoherencias. En primer lugar, las incoherencias de los padres y madres en su percepción del consumo (la mayoría de los padres que saben que sus hijos toman alcohol se lo permiten; la media de edad a la que se inician los jóvenes en el consumo de alcohol es de 13,7 años, mientras que los padres piensan que lo hacen a los 15 años; el 44% de los padres de los adolescentes que consumen alcohol desconocen esta costumbre de sus hijos, o el 50% de los jóvenes entre 16 y 18 año se emborrachan, mientras que los padres creen que lo hacen un 5,2%).

Las incoherencias entre padres e hijos no solo están en la percepción, sino también en el discurso de los padres: “Es normal, son cosas de la edad” o “sabe beber”, “los que no se controlan son los otros “, y con ello ser visto como el ritual asociado a “hacerse mayor”, un ritual que en la actualidad, no controlado por la familia, en un espacio en el que no dejan participar a los adultos, añadido a la visión de que es un problema menor comparado con en de las drogas. Los y las adolescentes, por su parte, consideran también el consumo de alcohol como una práctica “normal” y bien vista y lo interpretan como un elemento distintivo de madurez, necesario para su integración social, sin percibirlo como un riesgo para su salud.

Socialmente (más incongruencias), la preocupación se ha hecho visible con la aparición del botellón, la parte visible y que preocupa del tema del alcohol: se bebe porque está de moda, lo está porque es un negocio rentable, que se potencia a través de los medios de comunicación, que señalan que es una moda juvenil.

Pero todas estas ideas de “normalidad” en el consumo de alcohol y su asociación con elementos positivos (hacerse mayor, integrarse en el grupo de iguales, conseguir éxito social y sexual), se refuerza constantemente a través la publicidad. Adolescentes manifiestan que la publicidad incita a beber, que les presenta productos desconocidos que luego ellos prueban y que “si fuera malo no estaría permitido anunciarlo”. Ya pesar de todo esto, existe la incongruencia de abrir las leyes a la publicidad de alcohol.

Y la realidad es que si ponemos la radio o la televisión cualquier día de la semana en cualquier cadena, podemos oír o ver anuncios de alcohol en horario legal de protección del menor, e incluso en los bloques publicitarios y además casi siempre asociados al éxito social, sexual o a un mayor rendimiento físico. También, se pueden ver series que, entre sus escenarios principales, cuentan con bares donde los protagonistas, a veces personajes menores de edad, pasan parte de su tiempo y consumen bebidas alcohólicas como forma de ocio, además del product placement de cerveza u otras bebidas alcohólicas. Y si hablamos del deporte, los goles suelen ir siempre asociados a marcas de bebidas alcohólicas.

Y para más incongruencia, leemos que los estudios científicos en este tema señalan que “la publicidad del alcohol en todas sus posibles maneras ejerce una influencia muy fuerte en el consumo adolescente y juvenil” y que “la publicidad del alcohol contribuye de forma directa al aumento del consumo”.

Por tanto, parece necesario dar congruencia y coherencia a las políticas de prevención de alcohol para los adolescentes y avanzar en medidas normativas, que protejan a los más jóvenes. Y en estos momentos nos parece más necesario que nunca porque las técnicas de venta de alcohol se han hecho más sutiles y agresivas.

Por lo tanto, se deben desarrollar todas las estrategias posibles para proteger la salud de los menores y debemos sumar esfuerzos desde todos los ámbitos: familias, sistema educativo, sistema sanitario, profesionales de la salud, empresarios, administraciones locales y autonómicas, ministerios, Congreso y sociedad en general.

Con los jóvenes y por su salud creemos necesario que desde todos los sectores (también el publicitario) se trabaje para mejorar la información sobre las consecuencias del alcohol (que existen y muy graves), se avance en la regulación y vigilancia de su promoción y consumo (también mediante la autorregulación, pero no solo) y entre todos y todas (adolescentes, padres y madres, educadores, sanitarios, publicistas, empresarios, responsables políticos y sociedad en su conjunto) ayudemos en la promoción y protección de la salud de la población adolescente.

Joan Carles March Cerdà (@joancmarch) y María Ángeles Prieto Rodríguez (@mangelesprieto) son profesores del Área de Ciudadanía, Ética y Participación de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

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