28/5/13

La droga al volante gana al alcohol

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Font: El Periódico. 28 de maig de 2013.
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  • 4.927 motos se vieron implicadas en accidentes de tráfico durante el 2012, el 7,1% más que en el 2011, y 16 motoristas perdieron la vida. La Guardia Urbana centra sus macrocontroles de alcohol y drogas en este colectivo, teniendo en cuenta que en el50% de los siniestros que acabaron con un motorista muerto no hubo ningún otro vehículo implicado.
  • 3.616 alcoholemias han dado positivo entre enero y  mayo de este año, el 6% más que las realizadas en el mismo periodo del 2012, y 555 personas han superado la tasa penal de 0,60 mg/l de aire espirado y han sido imputadas.

Si la policía norteamericana sobrevive a base de rosquillas, la Guardia Urbana coge fuerzas con un bocadillo de jamón canario, láminas de pata de cerdo asada que a las tres de la madrugada deben regarse con algo que lleve cafeína. Es la hora del descanso entre controles. El primero, en la Diagonal con la avenida de Pedralbes, pone sobre la mesa un tema inquietante: los conductores quizá beban menos, pero se drogan más.

La noche del viernes empieza en la unidad de accidentes sobre las 23.30 horas. Una veintena de agentes atienden las órdenes de Manuel Haro, el jefe de la unidad. Organiza al grupo, recuerda el canal por el que se comunicarán, se apoya en un mapa para montar el dispositivo, insiste en la necesidad de prestar especial atención a los vehículos de dos ruedas. «Moto que vemos, moto que paramos», concreta. No termina con un televisivo «tengan cuidado ahí fuera».

Remata con un «buen servicio», y la maquinaria se pone a rodar. Hasta las tres, control en la plaza de Pius XII. A partir de las cuatro, en Antonio Maura, en medio de Via Laietana. El primero servirá para cazar a los que salen de la ciudad pasados de vueltas. El segundo, para frenar a temerarios que creen que varias horas de multiconsumo no han mermado su capacidad de pilotar.

Guardia Urbana de Barcelona y Mossos son de los pocos cuerpos de seguridad de España que realizan el drogotest.

Quizá hayan visto en Youtube el vídeo de un joven que marca cero en consumo de alcohol pero que presenta signos evidentes de haber ingerido media farmacia. Como no hay medios para medir esa categoría, el joven se marcha. Se reduce a una cuestión económica. La alcoholemia requiere una boquilla que vale unos céntimos, mientras que el control de drogas, entre una cosa y otra, asciende a 70 euros por sujeto. Por eso se intenta afinar, realizarlo solo en aquellas personas que, previamente, no logran superar una serie de pruebas. El test ocular no suele fallar. El agente le acerca una luz al ojo. En condiciones normales, como sucede con el diafragma de una cámara, la pupila se cierra rápidamente. Si se ha consumido algún tipo de droga, el sistema nervioso falla, y la pupila se cierra despacio, como sin querer.

CAMPEONES EN CONSUMO / El sargento jubilado José María Bonis busca la gorra en su cabeza y no la encuentra. Es un gesto que hizo durante 40 años y que ahora echa de menos. Participa en el macrocontrol invitado por Haro, y recuerda los tiempos en los que el alcoholímetro era una maleta con una aguja que a menudo rebotaba. «Antes se bebía mucho más que ahora». Bonis explica que un estudio realizado a nivel europeo demostró que España es el país en el que más conductores manejan bajo el efecto de las drogas, sobre todo hachís y cocaína. Pero al parecer, ni así hay una apuesta seria a nivel estatal.

Un chico de Olesa da positivo por marihuana. Son las dos de la madrugada y dice que se ha fumado un porro a mediodía. Lleva el BMW de su padre y el bostezo que regala al aparcar el coche enciende las alarmas de Bonis. Él mismo le pasa la linterna por los ojos. «Hazle el test». Positivo, seis puntos menos –le quedan dos– y 500 euros de multa. Una pareja de unos 60 años vuelve a casa después de cenar sobre la una de la madrugada. Conduce el marido, que da 0,16 mg/l de aire espirado, nueve por debajo del límite de la sanción. Van en moto y se acuerdan de los años 70, cuando iban a la Costa Brava a 160 km/h sin casco. «Se me pone la piel de gallina cuando lo pienso», dice ella. Les parece bien esto del macrocontrol. Porque ya solo su magnitud impone respeto; porque es necesario romper con la imagen de impunidad del consumo de drogas. Una joven argentina llega después. Da 0,0 en alcohol, pero no va fina. El drogotest sitúa en su organismo cocaína, hachís y anfetaminas. Una perla. «No hay conciencia con la droga. Incluso muchos se quejan porque dicen que no han bebido», dice Haro. El control de Pius XII acaba con nueve positivos por drogas y cuatro por alcohol.

MOTOS A LA CAZA / Tras el jamón canario, degustado en un bar de Letamendi, da comienzo, sobre las cuatro, el dispositivo de Via Laietana. Un agente hace notar a sus superiores que algunos vehículos dan la vuelta saltando la doble línea continua cuando ven las luces. Dos motos se colocan mirando al mar. Vehículo que trampea, vehículo que cazan. Uno de los listos es un taxista asalariado que va con el verde y transporta a tres turistas turcos. Lleva un buen rato dándoles vueltas, el clásico timo. Él lo niega, pero no le ampara ni el testimonio del pasaje ni el sentido común.
Un dicho policial reza que en noches de luna llena hay lío seguro. Las horas pasan y el refranero coge forma. Dos motoristas rebasan el límite penal. Uno de ellos es un joven que sobre las cinco va con una rubia de paquete, recién conocida. Tenía grandes planes, pero ella, muy perjudicada, se va cuando él marca 0,74 mg/l. El chico pierde el ligue, pero puede que haya salvado la vida.

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