21/10/08

La "última" ahora es una cerveza

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 La facturación de bares y discotecas de Barcelona cae hasta la mitad por la crisis.

Font: El País. 20 d’octubre de 2008.
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La última copa de la noche ha dejado de ser un gin tonic. O un whisky. Ahora es una cerveza. Lo explica el propietario de una pequeña discoteca del Eixample, que afirma que antes de cerrar la barra, a eso de las cinco de la madrugada, todo el mundo va a por la última mediana. Antes era un combinado. Pero la crisis económica hace que los clientes ajusten el presupuesto. “¿Crisis? ¡Si un sábado por la noche es horrible! ¡Está todo lleno! ¿Dónde está la crisis?”, dice Javier Esteban, un joven de 29 años que sale cada fin de semana. Pero las patronales del ocio nocturno insisten en que no es así. Al menos no les salen los números.

La facturación de los locales nocturnos ha caído hasta la mitad en apenas tres años. Las cajas empezaron a llenarse con menos alegría cuando las familias empezaron a endeudarse sin parar. “El primer año la caja cayó el 15% y lo hizo otro 15% en 2007. Este año lo está haciendo un 20%”, lamenta Joaquim Boadas, secretario general de la Federación Catalana de Asociaciones de Actividades Recreativas Musicales (Fecasarm). Según su último estudio entre los asociados, la clientela de los bares de noche ha disminuido el 37%, tanto en Barcelona como en las discotecas de la costa catalana.

Las otras dos patronales del sector, la Federación Catalana de Locales de Ocio Nocturno (Fecalon) y el Gremio de Salas de Fiesta, sostienen que el descenso en la facturación ha sido del 40%. El secretario general de la Fecalon, Fernando Martínez, explica que el barrio que menos nota el frenazo es Ciutat Vella. “El turismo es de mayor calidad que en la Costa Brava o la Daurada, por ejemplo”, dice Martínez. En cambio, el consumo en los bares se desploma en otros distritos de la capital catalana, en especial en el Eixample, Sant Martí -donde están las zonas de ocio de la Vila Olímpica y el Poblenou- y Sant Gervasi.

“El comportamiento de los consumidores está cambiando”, afirma Martínez. Beben menos. “La media está en 1,1 copas por noche, cuando hace tres años estaba en 2,3 copas. Es cierto que en esto también influyen el carnet por puntos y el incremento de los controles de alcoholemia”, explica Joaquim Boadas. Puesto que la gente no consume tanto, tampoco se deja tanto en los bares cuando sale. “Entre 9 y 10 euros por cabeza”, afirma Martínez. Ya que no hay tanto dinero para gastar, los noctámbulos prefieren no cambiar mucho de bar. “Hay menos rotación, y eso es lo peor que puede pasar, porque se quedan en el mismo sitio con la misma bebida”, dice Boadas.

Las patronales opinan que el fenómeno es comprensible. Los hogares tienen hipotecas, créditos y gastos corrientes que afrontar. Y eso en un momento en el que suben el paro y el precio del dinero. “Lo lógico es que se consuma menos”, admite Martínez. Pero los hogares no renuncian al ocio. “Volvemos al guateque”, agrega. En una encuesta que su federación hizo recientemente, más de la mitad de los propietarios de bares señalaban que la gente había bebido previamente alcohol, sobre todo en casa.

Los consumidores, además, se quedan en casa. Salen de media entre uno y dos fines de semana al mes. Se acabó lo de salir el jueves, salvo los estudiantes universitarios, y repetir el viernes. El sábado es ahora el día de referencia para ir de juerga. Así que el consumo de bebidas alcohólicas ha caído el 17% en lo que va de año y, a su vez, las marcas destinan menos dinero a promociones en las discotecas.

Recorte de plantilla

La caída del consumo en los bares y las discotecas de Barcelona ha provocado un recorte del personal fijo. Ahora los locales de noche tienen el 20% menos de trabajadores indefinidos que hace un año, según la patronal Fecasarm. Los despidos son tanto directos como indirectos. Es decir, se echa a gente contratada directamente por el bar o la discoteca, pero también a través de una agencia.

Es el caso de los guardias de seguridad. Boadas asegura que la asociación está advirtiendo una reducción de los aforos para tener que contratar a menos vigilantes (la normativa le obliga a tener un número de trabajadores de seguridad de acuerdo con el volumen de gente que dejan entrar).

También se recorta en publicidad y, por tanto, se reduce el número de repartidores de

flyers (se autodenominan “relaciones públicas”) que hay por la calle. La otra patronal, Fecalon, no percibe demasiados despidos entre sus asociados. En cambio, sí opina que no hay tantos gastos en sueldos y promoción. “Algunos camareros estaban muy bien remunerados porque quizá atraían a mucha gente. Eso se acabó”, afirma la entidad.

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