7/12/10

Por otro paradigma en el beber adolescente

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Font: diariovasco.com. 20 de novembre de 2010.
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El 61% de los adolescentes de 12 a 18 años es consumidor habitual de bebidas alcohólicas. El 69% de los consumidores se inició entre los 13 y los 16 años. No tienen dificultad alguna en adquirir bebidas alcohólicas. Un 10% de los consumidores, busca «colocarse» directamente. El 72% de los adolescentes cuando salen el fin de semana, llegan a casa después de las 4 de la madrugada, la media horaria es a las 5.30 horas. Al 70% de los adolescentes nunca les han pedido el DNI, en relación a su consumo o adquisición de alcohol. La mitad de los adolescentes que beben se emborracha como mínimo una vez cada dos meses.

Sin embargo, la legislación vigente señala que sólo pueden consumir alcohol los mayores de 18 años. La consecuencia es obvia. No habrá ley incumplida en mayor grado que está en el momento actual. Y a tenor de los datos de 2008 que acabamos de ofrecer, estamos ante una ley de difícil cumplimiento, por no decir de imposible cumplimiento.

Sin embargo, debe ser un objetivo irrenunciable modificar unos hábitos de conducta y consumo en los adolescentes que generan consecuencias muy dañinas para ellos mismos y, dados los usos y costumbres de consumo en la vida pública, también para los ciudadanos próximos a los lugares de esparcimiento juvenil. Es uno de los objetivos centrales del libro titulado ‘Hablemos de alcohol: por un nuevo paradigma en el beber adolescente’ que, auspiciado por la Fundación Alcohol y Sociedad presentamos el lunes pasado.
A lo largo del libro hemos comprobado cómo se ha utilizado mucha energía y muchos medios humanos y materiales para poner en práctica programas educativos que reduzcan el consumo de alcohol entre los jóvenes. Los datos nos demuestran que los resultados no concuerdan con los esfuerzos ni satisfacen las expectativas. Pero el estudio de estas experiencias, sin embargo, nos proporcionan algunas orientaciones de gran importancia. Resumo aquí tres:
La prevención basada en la «educación del carácter», en el «desarrollo de las fortalezas personales» y en la capacidad para enfrentarse con los problemas y tomar decisiones, es la que resulta más eficaz en el ámbito individual. Incluye una educación en valores morales. Esta prevención tiene como objetivo fomentar una «sabiduría del beber», es decir, saber disfrutar responsablemente. Desde el punto de vista colectivo, la sociedad debe abandonar la doble moral. Por un lado lloriquear cuando, consecuencia del beber adolescente, se derivan consecuencias indeseadas como embarazos no deseados, comas etílicos o violencias diversas. Por el otro, limitarse, y cuando lo hace, a expulsar a los adolescentes del espacio habitado para que no molesten en sus juergas nocturnas: «Que beban pero que no molesten» y, después, que Dios reparta suerte.

En fin, vale la pena reflexionar sobre las edades en las que se permite beber, tener responsabilidad penal, solicitar la píldora del día después, no ser discriminado en el seguro del coche (si eres chico), votar, etc. Si queremos jóvenes responsables

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