11/6/13

Tecnologías policiales que atontan

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Article de Gemma Galdón
Font: El País. 11 de juny de 2013
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Este diario ha publicado la increíble historia de una pareja de Motril que estuvo durante meses en libertad con cargos al confundir la policía unos polvos homeopáticos con heroína. Tres meses tardó el juzgado en trasladar las muestras a un laboratorio para corroborar o enmendar el veredicto del narcotest realizado en el momento de la incautación. El análisis en laboratorio demostró que los polvos no eran más que una mezcla de calcio y magnesio.

Que la policía utilice un rudimentario narcotest, realizado fuera de un entorno controlado, como prueba de cargo en un caso en el que no existen antecedentes puede sorprender a muchos. Pero los casos en los que la creencia ciega en el veredicto de un ‘artilugio’ lleva a policías y jueces a bajar la guardia y a no cuestionar las decisiones tomadas son cada vez más habituales. Nuestras sociedades le atribuyen a la tecnología una infalibilidad que nos lleva a no cuestionar todo lo tecnológico, y a tomar malas decisiones. Y en los casos en los que las malas decisiones las toman jueces y policías, éstas tienen consecuencias reales sobre personas concretas y derechos como la tan en boga presunción de inocencia y el debido proceso legal.

En el caso de Motril, el responsable de Vigilancia Aduanera argüía que el narcotest está ‘homologado’ para despejar cualquier duda sobre su eficacia. Pero que algo esté homologado no quiere decir que sea infalible. Incluso los tests de orina tienen tasas de error del 5-10%, y en el ámbito tecnológico este 5-10% son lo que llamamos “falsos positivos”: personas identificadas erróneamente y cuyos derechos fundamentales son vulnerados a consecuencia de ese error. Uno de los retos inmediatos de la tecnología que quiere apoyar procesos judiciales es precisamente la eliminación de esos falsos positivos. En ausencia de tasas cero de identificación errónea, no obstante, lo pertinente es la formación de agentes policiales y judiciales en el escepticismo tecnológico, que no es más que entender que la tecnología debe apoyar el proceso de toma de decisiones, pero jamás tomar las decisiones.

El policía y el juez deben servirse de la tecnología, y no ser los asistentes de artilugios que dan veredictos en forma de luz verde o luz roja, o de cálculos algorítmicos binarios. Encausar a alguien en base al veredicto de un narcotest no es muy diferente a hacerlo en base a los resultados de un polígrafo, por ejemplo. Y sin embargo, la tendencia a no cuestionar las bondades de la tecnología, y a sobreinvertir en soluciones tecnológicas para problemas sociales es creciente en todo el mundo. Tan creciente como los falsos positivos y las víctimas impotentes de esta deriva.

Si queremos ser sociedades tecnológicas, seámoslo, pero como mínimo aprendamos a gestionar estas tecnologías para que contribuyan realmente a la seguridad de todos, y no a la inseguridad de demasiados.

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