22/11/11

Una verdad incómoda

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Font: eltiempo.com
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Fueron bien recibidas por la opinión británica las opiniones dadas por Juan Manuel Santos a la prensa de ese país. En declaraciones publicadas por el diario The Guardian, el mandatario colombiano sostuvo que hay que replantear la forma en que el mundo enfrenta el flagelo de las drogas. La respuesta de los lectores del matutino fue ampliamente positiva y vuelve a poner de presente que hay cada vez más voces en favor de cambiar el modelo existente, frente a un asunto para el cual el mundo todavía no encuentra la respuesta.

Subirle el perfil a un tema espinoso, justo cuando Santos se encuentra en Londres en desarrollo de una visita oficial, es una muestra de que Colombia quiere impulsar un debate que es necesario. En ese propósito hay otras voces de peso, como la del presidente mexicano Felipe Calderón y una serie de pensadores reunidos en una comisión global impulsada -entre otros- por los ex mandatarios César Gaviria, Fernando Cardoso y Ernesto Zedillo, además del ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan.

En todos los casos, el mensaje es el mismo: la estrategia actual necesita ser revisada, por la simple razón de que ha fracasado estrepitosamente. No solo el tráfico ilegal de narcóticos sigue, sino que el uso de marihuana, cocaína, heroína y otros productos ha ocasionado un problema carcelario y de salud de enormes proporciones en muchas sociedades.

Sin embargo, al tiempo que se constata esa realidad, es claro que la causa del cambio no puede ser bandera de un país en particular. Para mejorar las cosas, es indispensable involucrar a la comunidad global en la discusión, pues solo una política común y consensuada permitiría dar un salto cualitativo. En tal sentido, hace bien el presidente colombiano en plantear el asunto, mientras deja claro que el país seguirá combatiendo a las organizaciones ilegales con la misma decisión y valor con los que lo ha hecho desde hace décadas.

La autoridad moral que tiene Colombia en la materia es indiscutible. Ninguna nación del planeta ha pagado una cuota de sangre tan alta como la nuestra a la hora de combatir un mal que nace, ante todo, del apetito de los consumidores que se encuentran en las zonas más ricas del mundo. De manera que, así como le ha sobrado decisión para enfrentar a organizaciones criminales que habrían arrodillado a otras sociedades, el país tiene ahora la responsabilidad de subirle el perfil a una discusión que es necesaria.

Dicho esfuerzo requiere paciencia. Más allá de que en privado muchos dirigentes estén de acuerdo en que hay que hacer una especie de borrón y cuenta nueva con respecto a la política contra las drogas, se cuentan con los dedos de la mano los que son capaces de adoptar una postura pública en ese sentido.

Un ejemplo claro es lo que ocurrió en la propia Gran Bretaña. En diciembre del 2002, un joven parlamentario llamado David Cameron señaló en un debate en la Cámara de los Comunes que la guerra contra las sustancias sicotrópicas no había funcionado. No obstante, ahora como inquilino del número 10 de Downing Street, el propio Cameron decidió que ningún representante de su gobierno asistiera, hace pocos días, a un foro sobre el tema, organizado por la Cámara de los Lores.

La razón de que la administración británica actual prefiera evitar un debate público sobre el asunto de las drogas es tan solo una prueba más de que muchos políticos buscan no meterse en una discusión que todavía no está madura. Frente a esas precauciones, la postura de Santos es aún más destacable, pues, así nadie quiera escuchar una verdad incómoda, tarde o temprano llegará la hora de ponerle el cascabel al gato.

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  • http://www.facebook.com/people/Alejo-Alberdi/625003831 Alejo Alberdi

    “un mal que nace, ante todo, del apetito de los consumidores que se encuentran en las zonas más ricas del mundo”

    Un mal que nace, ante todo, del empeño en que el negocio del narcotráfico se eternice. Violar las leyes injustas -y las leyes antidroga ocupan el primer lugar del podio- es un deber cívico. No soy consumidor de las sustancias cuya prohibición causa mayores males pero, de serlo, las utilizaría sin el menor problema de conciencia.

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