25/1/10

Estados Unidos obliga a las tabaqueras a detallar los componentes de un cigarro

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Font: El Confidencial. 22 de gener de 2010.
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  • El tabaco es el único producto de venta legal no sujeto a la ley de etiquetado. 
  • De los 600 compuestos aditivos que las tabaqueras pueden legalmente incluir, unos 100 tienen una actividad farmacológica.
  • La filosofía de toda tabaquera se ha basado en fidelizar al cliente aumentando su adicción para que se consuma más.

Coja una cajetilla de tabaco y lea sus compuestos. Lo encontrará en el ancho del paquete, abajo, a un tamaño de letra diez veces más pequeño que la marca de la tabacalera. “Alquitrán, nicotina y monóxido de carbono”. No se confunda: hay más componentes, muchos más. Casi todos tóxicos y con un único fin: aumentar la adicción de los fumadores a la nicotina.

Estados Unidos obligará a las empresas tabaqueras a que informen detalladamente de los ingredientes que le ponen a los cigarrillos y otros productos con tabaco. Antes de junio rendirán cuentas ante la FDA, máxima autoridad sanitaria estadounidense y encargada de publicar una lista de los componentes peligrosos o potencialmente dañinos para el organismo.

Un cigarro está compuesto en un 90% de tabaco, que “ya de por sí es adictivo y cancerígeno”, desgrana Rodrigo Córdoba, presidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo. El 10% restante se lo reparten los aditivos, que son unos compuestos químicos que la industria vende principalmente en forma de azúcar y aromas. “Esto simplemente responde a la versión oficial. Los aditivos sirven para aumentar la adicción a la nicotina”, añade el experto.

De los 600 compuestos aditivos que las tabaqueras pueden legalmente incluir, unos 100 tienen una actividad farmacológica. Hasta un 4,2% de un cigarrillo puede ser azúcares, aparentemente un aditivo que no debería despertar ninguna alarma social. Al diseccionar las entrañas de un pitillo, Córdoba denuncia una cantidad de sustancias que afectan a la salud mucha más amplia de la que se conoce. “El único fin de los centenares de productos que se utilizan como aromas es evitar que los no fumadores toleren mejor el humo y hacerlo menos irritante”.

También habla de los derivados del cacao (hasta el 1% del cigarrillo), que no sólo endulzan el sabor, “sino que actúan como broncodilatador y facilitan que la nicotina llegue a la sangre”. Amoníaco, Polonio 210 (“radioactivo”), alquitrán, metanol, cloruro de metilo, ácido cianhídrico y un largo etcétera forman el organismo de un único cigarro de componentes cuyos efectos nocivos “se multiplican por siete al respirar el humo”, que contiene hasta 4.700 productos químicos nocivos, según un estudio publicado por la OMS. “Aquí ya entra en juego la salud del no fumador, que no elige libremente inhalar el humo del tabaco de un fumador”. La lista de aditivos es tan larga que sería imposible incluirla en el lateral de la cajetilla de tabaco. “Tendríamos que vender cada paquete de tabaco junto con un libro de química”, añade Córdoba.

Clientes adictivos para que consuman más

Aunque los fumadores merecen tener más información sobre los productos que consumen, “no deberían olvidar que, hasta sin añadidos, el tabaco seguiría siendo un producto adictivo y cancerígeno”. El daño que causa se debe a su propia naturaleza. “Tal vez con esta medida se consiga el objetivo final: que los fumadores dejen el hábito. Ojalá que así sea”, sentencia Córdoba.

La filosofía de toda tabaquera se ha basado en fidelizar al cliente aumentando su adicción para que se consuma más. Con esta divulgación pública se pretende determinar cuáles son los ingredientes dañinos y más adictivos a los cigarrillos, y que sea el propio consumidor el que juzgue lo que fuma. “Hoy, los productos del tabaco son los únicos consumidos por los seres humanos de los que no sabemos qué hay en ellos”, dijo Lawrence Deyton, director del nuevo centro dedicado al tabaco dentro de la agencia sanitaria estadounidense.

El tabaco es el único producto de venta legal no sujeto a la ley de etiquetado. Por extraño que parezca, ni siquiera la Comisión Europea, responsable de la regulación de productos del tabaco, puede proporcionar esa información ni tiene el poder de exigirla.

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